Tras años de contracción y cautela, el mercado inmobiliario chileno comienza a emitir señales que los analistas denominan "brotes verdes". No se trata de un optimismo desbordado, sino del reconocimiento de que los factores más adversos del ciclo anterior están perdiendo fuerza. La estabilización de las ventas y un cambio en la política monetaria están configurando un escenario donde la industria puede volver a ser un motor de desarrollo.
El fin del ciclo de alzas de la Tasa de Política Monetaria (TPM) por parte del Banco Central es el catalizador principal. Aunque el crédito no es "barato" en términos históricos, la trayectoria descendente ha permitido que operaciones que antes no eran viables vuelvan a evaluarse. Sectores como el arriendo de oficinas han mostrado alzas sostenidas, y se observa una estabilización en la venta de viviendas nuevas. Además, la discusión pública sobre la "permisología" y la modernización de los sistemas de permisos legislativos apunta a resolver trabas estructurales para la oferta.
Los inversionistas deben interpretar estos brotes verdes como una señal de entrada o de reactivación de proyectos pausados:
- Mejora en la Viabilidad de Proyectos: La baja gradual de tasas mejora el Valor Presente Neto (VPN) de las inversiones a largo plazo.
- Foco en Activos Comerciales: El repunte en la ocupación de oficinas Clase A sugiere oportunidades en rentas comerciales que habían sido castigadas.
- Certidumbre Regulatoria: Los avances en la reducción de tiempos de permisos podrían disminuir los costos financieros asociados a las esperas excesivas.
Estamos ante un cambio de ánimo en la industria. Si bien persisten desafíos estructurales, el escenario actual es menos defensivo que en 2024. El inversionista prudente debe buscar activos que capturen esta recuperación temprana, especialmente en segmentos donde la oferta ha sido limitada por las restricciones de los últimos años. Los "brotes verdes" son la antesala de un ciclo más equilibrado.